Range, rango, amplitud de David Epstein

Por qué la especialización puede ser una desventaja en un mundo en constante cambio. Este difícil, provocador, arrogante, riguroso, polémico y fascinante libro, nos presenta un hipótesis: la ineficiencia, la generalidad, puede ser la herramientas más importantes de nuestros días.

Range

“Fascinante. Creo que sus ideas incluso ayudan a explicar parte del éxito de Microsoft, porque contratamos a personas que tenían una amplitud real dentro de su campo y en todos los dominios. Si es un generalista que alguna vez se ha sentido eclipsado por sus colegas especialistas, este libro es para usted»
Bill Gates

Honestamente seleccionamos este libro porque tenía una antítesis ante el mundo de los últimos 30 años. Piénsalo, en los últimos 30 años se aceleró una industria académica de las “maestrías, doctorados y especializaciones” pero cuál fue el resultado… humanos que sabían ejecutar mejor que nadie instrucciones específicas pero no tenían conocimiento del contexto alrededor de ellos. Y es que el mundo exigía esos puestos. La hiper-especialización es un impulso bien intencionado de la eficiencia: la forma más eficiente de desarrollar, ensamblar y aprender algo. Pero la ineficiencia también necesita cultivarse, cuando se traspasan los límites, gran parte es solo probar, experimentar… aumentar el rango.

Estoy seguro que tú fuiste de los experimentaron que al graduarse de la Universidad, se toparon con una exigencia: “talento nuevo pero con altísima experiencia y especialización”. ¿Parecía una contradicción, cierto? Pero no era así. David Epstein encontró estas tendencias de especialización creciente que obligaba a los padres, a inscribir a sus hijos en deportes a edades más tempranas y los obligan a especializarse. Incluso algunas universidades requieren que los estudiantes se declaren especializadas al final del primer año.

Epstein nos habla del “el efecto Flynn” y del aumento del coeficiente intelectual en cada generación. Lo cierto es que como humanidad, damos sentido a la realidad a través de esquemas de clasificación, que organizan información e ideas, para ver qué se relaciona entre sí. Pero la vida moderna requiere alcance, rango, amplitud (Range), estableciendo conexiones entre dominios e ideas lejanas. La gran decepción de Flynn es el grado en que la sociedad, y en particular la educación superior, ha respondido a la ampliación de la mente impulsando la especialización, en lugar de centrar la formación inicial en el conocimiento conceptual transferible. A los estudiantes se les debe enseñar a pensar antes de que se les enseñe en qué pensar. En el mundo actual, cuanto más repetitivo / restringido es un acto, es más probable que se automatice. Las mayores recompensas serán para aquellos que puedan aplicar el conocimiento conceptual a nuevos dominios.

El libro de Epstein es una lectura compleja y tardé cinco meses en leerla. Cada capítulo fue doloroso. Tesis y antítesis chocaban contra mí. Fue un recorrido lleno de ejemplos históricos (muchos de ellos aburridos pero totalmente clarificadores y contrastadores de cada una de las ideas planteadas). Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World, es hoy el libro que analizamos en BookShake.

Iniciamos con Tiger Woods

La tesis central del libro de David Epstein “Range” (rango, amplitud) es una: después de estudiar una variedad de atletas, músicos, inventores y científicos de gran éxito, Epstein descubrió que los generalistas, no los especialistas, son los seres humanos que mejor están preparados para el éxito. Epstein inicia analizando la vida de Tiger Woods con el objetivo de dejar en claro la disciplina y la especialización. Cuando era un bebé de seis meses, Tiger comenzó a caminar, tres meses después (todavía sin poder hablar), ya imitaba el swing de los golfistas. A los dos años apareció por primera vez en televisión y se inscribió a su primer torneo… y ganó la categoría de niños debajo de 10 años. Vinieron años de estudio y dedicación al mundo del golf (de 8 a 10 horas diarias de práctica) y a la edad de 8 años, venció a su padre por primera vez. Tiger Woods es el ejemplo claro de un pensamiento que se potenció en los 90’s: la importancia de comenzar con ventaja y especializarse temprano.

David Epstein nos lleva a un nuevo terreno, una regla que representa que el número de horas acumuladas en el entrenamiento y especialización de algo, es el factor clave en el desarrollo de habilidades, no importando el dominio. Los atletas de alto rendimiento invirtieron mucho más tiempo en las especialización de sus especialidades. Tiger se convirtió en el símbolo de la idea de que la cantidad de práctica determina el éxito y colateralmente, esa práctica debe iniciar lo antes posible.

Tenemos que recordar algo importante, el propio David Epstein contribuyó a esa cultura. El escribió un libro titulado “The Sports Gene” en donde explora el gran debate entre la naturaleza vs la crianza y rastrea hasta dónde ha llegado la ciencia para resolverlo, revelando conversaciones con científicos destacados y campeones olímpicos, y entrevistas con atletas que tienen mutaciones genéticas o rasgos físicos raros, Epstein nos obliga a repensar la naturaleza misma del atletismo.

Es probable que ahora tengas un mente un libro interesantísimo que escribió Malcolm Gladwell llamado “Outliers” (fuera de serie) , en donde explora las historias de los personajes de éxito: aborda las vidas de grandes jugadores de futbol; bucea en la infancia de Bill Gates; y busca qué convirtió a los Beatles en uno de los mejores grupos en la historia de la música. Una de las ideas base del libro es que para lograrlo, necesitas invertir 10,000 horas aproximadamente (10 años en promedio) practicando y aprendiendo.

Y sinceramente, todos compramos esa idea. Entendimos que el éxito era una ecuación de método, disciplina y, sobre todas las cosas, tiempo (20 horas por semana durante 10 años). Una «práctica deliberada», un tipo de ejercitación significativa y sistemática.

Después de su libro, Epstein reunió estudios que analizaron el desarrollo de los atletas de élite y vio que la tendencia no era la “especialización temprana”. Más bien, en casi todos los deportes hubo un «período de experimentación» en el que los atletas aprendieron sobre sus propias habilidades e intereses. Incluso, esos atletas que retrasaron la especialización a temprana edad, fueron a menudo mejores que sus pares especializados. Eso lo motivó a explorar los beneficios de ser un especialista frente a un generalista, y terminó escribiendo Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World.

Contrario a la historia de Bill Gates (en donde aprendió a programar siendo un niño), Epstein encontró que los grandes inventores tecnológicos incrementaron su impacto creativo al acumular experiencias en diferentes dominios, comparado con los que profundizaron solo en una. Entiende que el reto que enfrentaremos es cómo mantener los beneficios de una amplia y diversa experiencia, pensamiento interdisciplinario en un contexto de mundo que ya no incentiva la híper especialización. Es decir, las personas están aumentando su “Rango”.

Entornos amables vs entornos perversos

Una de las ideas clave de su libro es que “la especialización temprana y mucha práctica deliberada funcionan en ciertos entornos amables», pero no es tan útil para tener éxito en entornos “perversos» donde sería mejor ser un generalista. Tomemos el ejemplo de “Tiger Woods”. Es indudable que se convirtió en el mejor golfista del mundo. Su secreto: la especialización temprana y mucha práctica deliberada. El problema es cuando intentas aplicar eso a todos los demás. Robin Miles Hogarth, psicólogo británico-estadounidense y profesor emérito en el Departamento de Economía y Empresa de la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona; puso un concepto llamado “entorno amable y entorno perverso”. El entorno amable es aquel en el que toda la información está totalmente disponible, no tienes que buscarla, los patrones se repiten, son procesos que se ejecutan haciendo que las situaciones posibles estén limitadas, por lo que verás el mismo tipo de situaciones una y otra vez. Un entorno amable busca la exactitud, la retroalimentación construye la eficiencia y no participa ningún comportamiento humano que no sea el tuyo. Es decir, tienes todo el control.

Por otra parte, en un entorno perverso, la información no está disponible cuando tienes que tomar una decisión, se trata de situaciones dinámicas que involucran a otras personas y juicios, la retroalimentación no es automática y, cuando tiene retroalimentación, puede ser parcial e inexacta.

Si lo piensas así, el golf se desarrolla en un entorno amable. La gran mayoría de los deportes individuales lo son. Por lo que te conviertes en una máquina de ejecución que va perfeccionando su técnica. Iniciar temprano y lograr la especialización es el objetivo más importante. En los deportes, los atletas que quieren ser los mejores comienzan a eliminar distracciones y descartar sus pasiones alrededor de los 15 años de edad, porque se ven obligados a especializarse en ese momento. Ponen toda su concentración y tiempo disponible a crecer en su entorno competitivo y casi esporádico (ya que los deportistas logran el máximo performance físico y mental entre los 20 y 30 años de edad). En síntesis: “muchas horas de práctica» conduce inevitablemente a un rendimiento experto. Pero en un mundo perverso y que cambia rápidamente exige habilidades de razonamiento conceptual y creativo que conecten ideas a través del contexto. Considere el pensamiento abstracto: la capacidad de moverse libremente, de pasar de una categoría a otra.

Ahora la pregunta es ¿en qué parte del entorno está lo que haces profesionalmente todos los días? ¿Estás en el entorno amable o en el perverso? Piénsalo profundamente.

Es entonces cuando entiendes que la gran mayoría del mundo está en el “entorno perverso”, donde las reglas cambian, donde las “wild cards” o eventos inesperados ocurren, en donde la innovación y la disrupción reconfiguran por completo industrias, en donde la tecnología y su ritmo de cambio son la constante. Bajo ese contexto la “especialización temprana” no es una opción, la constante es una: estar en “beta”, estar abierto a destruirte y reconstruirte con conocimientos o un pensamiento que Blackbot tenemos: somos amateurs profesionales. Un mundo perverso que cambia rápidamente exige habilidades de razonamiento conceptual que conecten ideas a través del contexto.

Es tan complejo ese entorno, que al especializarte solo en una cosa, corres el riesgo de que un algoritmo termine ejecutando esa actividad. Por lo que necesitas ampliar tu “rango”. Una de las compañías que analiza David Epstein es “Cirque du Soleil”, los cuales comenzaron a hacer que sus artistas aprendieran los conceptos básicos de disciplinas de otros artistas y deportistas, no porque fueran a realizarlo, sino porque les ayudó a ser más creativos para diseñar nuevos espectáculos y eso redujo las tasas de lesiones en un tercio. Además, si no amplían el rango, vean lo que Disney ha venido creando en los últimos años:

Epstein tiene referencias de Herminia Ibarra, economista, profesora del INSEAD, especialista en comportamiento organizacional que estudia las transiciones de carrera de los seres humanos, quien menciona: “aprendemos quiénes somos en la práctica, no en la teoría”. Para Epstein piensa que a pesar de que existen múltiples exámenes psicométricos, test de personalidad e inclusive pruebas de aptitudes; la percepción de nosotros mismos está restringida. La industria de la educación falla en eso, te hace decidir por algo cuando todavía no estás seguro de que eso es importante para ti. Te obliga a tener una teoría de nosotros mismos y asumir con el objetivo de tomar decisiones “de vida”.

En el mundo real, los seres humanos desarrollamos nuestra personalidad “experimentando”. Hacemos cosas, las sufrimos o disfrutamos y reflexionamos profundamente sobre ellas. Así desarrollamos nuestras habilidades, interés y posibilidades por el mundo. Es gracias a esta habilidad, que mientras más rango de experimentación tengas, mayor será el conocimiento de las cosas pero sobre todo, de ti mismo. «Ampliar antes de profundizar» es fundamental para el desarrollo.

Con esta idea en mente y contrario a la historia Tiger, aparece Roger Federer, quien incursionó en la lucha libre, la natación, el patinaje y el fútbol en sus años de adolescencia antes de centrarse en el tenis. Epstein escribe: “el desafío que todos enfrentamos es cómo mantener los beneficios de la amplitud, la experiencia diversa, el pensamiento interdisciplinario y la concentración retrasada en un mundo que incentiva cada vez más, e incluso exige, la hiperespecialización”.

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Curiosidad científica

En el capítulo 10 del libro, Epstein observa a las personas que desarrollan un buen juicio sobre el mundo, y descubrió que las personas que eran realmente especializadas y tenían un enfoque limitado del mundo, en realidad empeoraban a medida que acumulaban información porque estaban en mejores condiciones de encajar en cualquier historia. Para evitarlo, las personas que tienen un mejor juicio, evitan caer en sus propios prejuicios cognitivas y desarrollaron un rasgo llamado «curiosidad científica”. No te confundas cono “conocimiento científico, la curiosidad científica la podemos definir por dos preguntas clave: ¿por qué? ¿qué pasaría si?

Las personas que tienen curiosidad científica, cuando se topan de frente con nueva información en la que incluso contradice su conocimiento preconcebido, deciden profundizar, investigar a fondo para entenderlo en todo su rango. Epstein piensa que tenemos que tratar de manera muy proactiva de salir del algoritmo del status quo (y los conocimientos preconcebidos) y hacer lo contrario de lo que es nuestra inclinación. Deberíamos ver si podemos retar nuestras nociones. La curiosidad científica les permite reunir una gran variedad de fuentes para probar y retar sus propias ideas y no solo quedarse en la perspectiva de un pequeño rincón del universo.

Esa curiosidad científica hace que los generalistas a menudo encuentran su camino más tarde en la vida, ya que se toman el tiempo para experimentar, disfrutar, contrastar, cultivar y explorar muchos intereses y experiencias en lugar de centrarse en algo específico. Epstein descubrió que a menudo los generalistas son más creativos, ágiles y capaces de establecer conexiones que sus pares especializados no pueden ver.

Lo que intenta dejarnos claramente Epstein, es que tratemos nuestras propias ideas y visiones del mundo como hipótesis y nos incentiva a que las personas puedan retarlas. No aceptes ciegamente sus punto de vistas, pero que sean lo suficientemente interesantes para profundizar e inclusive, derrumbar tu idea inicial.

Epstein piensa que Charles Darwin es el máximo ejemplo de alguien cuya amplitud le permitió mantener la mente abierta e innovadora. Darwin tenía estudio de historia natural, medicina, teología, filosofía y geología. Este conocimiento cruzado lo ayudó a desarrollar los músculos intelectuales que necesitaría para derribar siglos de dogmas. Fue brutal con sus propias conclusiones, ya que Darwin atacó, destruyó y mejoró las conclusiones de todas sus ideas y descubrimientos hasta llegar a una teoría que se ajustaba a la evidencia que había encontrado.

«El mundo no es golf, y la mayor parte ni siquiera es tenis. En cambio, el mundo es como un juego donde puedes ver a los jugadores en la cancha con pelotas y raquetas, pero nadie ha compartido las reglas. Depende de usted derivarlos y están sujetos a cambios sin previo aviso”
David Epstein

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Aprendizaje profundo

El aprendizaje profundo trata de hacer conexiones, desarrollar esquemas mentales que se puedan combinar con nuevos problemas. Existen dos tipos de aprendizaje:

Los científicos, para el mundo exterior, son el epítome de la especialización. Epstein comenzó a analizar a personas como Andre Geim, un físico neerlandés, conocido sobre todo por su trabajo sobre el grafeno, el desarrollo de la cinta de geco y demostraciones de levitación diamagnética; el cual lo lo llevó a ganar el Premio Nobel de Física. Geim estaba orgulloso de una práctica que ejecuta: cambia todo lo que hace cada cinco años; pero es justo este cambio lo que lo ha llevado a hacer descubrimientos más importantes. Geim menciona que no investiga, solo “busca”. En la práctica de Geim, el aprendizaje profundo consiste en hacer conexiones, desarrollar esquemas mentales que puedan adaptarse y resolver nuevos problemas.

Epstein también estudio a la compañía 3M. Compañía que identificó a inventores generalistas y especialistas, pero también hubo una clase de inventores que no tenían tanta amplitud y que no tenían tanta profundidad. Estos no solían hacer contribuciones y eran conocidos como los “diletantes”, personas que cultivan un arte o una disciplina como aficionado y no como profesional. Estos diletantes flotaron entre las cosas hasta cierto punto, pero no aprendieron sobre tantas clases de tecnología diferentes como los generalistas. Tampoco profundizaron en ninguna tecnología en particular por lo que terminaron sin un hogar intelectual, pero también sin la capacidad de conectar dominios dispares de una manera novedosa.

Los “diletantes” son ese punto medio entre los generalistas y los especialistas pero que no tienen esa curiosidad voraz por entender o dominar nuevos conocimientos y habilidades. Estos diletantes solo están en la “superficialidad” de las cosas, cumpliendo de forma promedio pero con muy poca claridad de ellos mismos y su posición en el mundo. En mi opinión personal, tenemos una masa altísima de diletantes profesionales en el mundo, en Blackbot les decimos “lego heads”, mentes creadas “en serie” en las fábricas intelectuales corporativas: las Universidades.

Lo que necesitamos como líderes de compañías es tener un equipo de especialistas (incentivarlos a a tener más rango) y un equipo de generalistas que nos ayuden gracias a su pensamiento multidisciplina y experiencia, a resolver problemas. Epstein nos recomienda que construyamos un equipo diverso en donde «los pájaros” puedan ver más lejos y “las ranas” pueden ver más profundo, ya que el mundo es amplio y profundo, por eso necesitamos ambos (Freeman Dyson).

“Algunos matemáticos son pájaros, otros son ranas. Los pájaros vuelan alto en el aire y contemplan amplias vistas de las matemáticas hasta el horizonte lejano. Se deleitan con conceptos que unifican nuestro pensamiento y unen diversos problemas de diferentes partes del paisaje. Las ranas viven en el barro de abajo y solo ven las flores que crecen cerca. Se deleitan con los detalles de objetos particulares y resuelven los problemas de uno en uno. Resulta que soy una rana, pero muchos de mis mejores amigos son pájaros. Las matemáticas necesitan tanto pájaros como ranas. Las matemáticas son ricas y hermosas porque los pájaros le dan visiones amplias y las ranas le dan detalles intrincados. Las matemáticas son tanto un gran arte como una ciencia importante, porque combinan la generalidad de conceptos con la profundidad de las estructuras. Es estúpido afirmar que los pájaros son mejores que las ranas porque ven más lejos, o que las ranas son mejores que los pájaros porque ven más profundo. El mundo de las matemáticas es amplio y profundo, y necesitamos pájaros y ranas trabajando juntos para explorarlo”
Freeman Dyson, un físico teórico y matemático británico-estadounidense, Birds and Frogs.

Por otra parte, Epstein identifica a los «erizos de visión estrecha», que dedican sus carreras a un problema específico (piensa en los expertos que hacen pronósticos económicos y de política exterior) o que ven todos los problemas a través de una única lente específica de la disciplina. Los erizos no ven complejidad, sino simples reglas deterministas de causa / efecto basadas en su área de especialización.

Pero también identifica a los los «zorros integradores», que alcanzan una amplia experiencia en múltiples campos y con ese conocimiento son superiores en el pronóstico a largo plazo. Los profesionales con alcance (rango) están mejor equipados para abordar problemas novedosos en los que las herramientas familiares no funcionan, como la falla de la junta tórica que provocó la explosión del transbordador espacial Challenger. La exposición pormenorizada de los hechos previos al fatal desenlace y las contradicciones entre los análisis cuantitativos y cualitativos que se pusieron sobre la mesa en aquellos momentos, dan forma a un relato conmovedor y aleccionador.

El problema consistió al respaldar la sospecha de los ingenieros, de que era más probable que las juntas tóricas fallaran en un clima más frío. Así que decidieron aprobar y lanzar al transbordador en un día caluroso de 40 grados de temperatura. El verdadero fracaso fue que la NASA se basó demasiado en el “análisis cuantitativo”. En la cultura de la NASA, no se escuchaba a las personas que tenían “corazonadas», pero no datos concretos para probarlo. La “data” era la herramienta madre de todas las decisiones y dejarla “caer” no es una práctica simple. Para los profesionales experimentados, dejar caer esa herramienta o ignorarla como sustituto del desaprendizaje nos llevaría a un estado de adaptación, flexibilidad, aprendizaje, intuición, improvisación que autores como Natalie Nixon han impulsado como modelo creativo (3i Creativity). Pero no lo hacen. Su comportamiento es tan automático que ni siquiera lo ven como una herramienta para situaciones específicas.

“Es la misma falta de voluntad de la gente para dejar caer sus herramientas lo que convierte algunos de estos dramas en tragedias. Bajo presión, los grupos experimentados se vuelven rígidos y regresan a lo que mejor saben»
Weick

¿Cuándo nos creímos la idea de la especialidad? Si en el pasado solo veíamos generalidad. Por ejemplo desde el mundo de diseño, tenemos casos como el Charles y Ray Eames, quienes diseñaron edificios y muebles, pero también hicieron películas y dibujaron patrones. También George Nelson, quien fue director de diseño, diseñador de muebles, arquitecto, diseñador de interiores y escribió y editó varias revistas de arquitectura; y los Maestros de la Bauhaus que trabajaron de forma multi disciplinaria en pintura, arquitectura, diseño y escultura.

Hamilton, el mashup perfecto

Llevemos todo lo aprendido en el libro y tomemos un ejemplo contemporáneo. Sir Lewis Carl Davidson Hamilton, o mejor conocido como Lewis Hamilton ganador de 7 campeonatos mundiales en la máxima categoría F1; es como Tiger Woods, un ejemplo de un profesional que inició desde niño (8 años en la categoría Karting) y que llegó a la cúspide de su deporte a los 36 años (en donde ya está pensando retirarse). Su pensamiento de conducción es perfecto y depurado.

Pero también Hamilton está muy interesado en la música, colaboró con Christina Aguilera en la canción «Pipe» bajo el seudónimo ‘XNDA’ , lo cual fue confirmado por el mismo en julio de 2020. Ama el arte y se declara fan de Andy Warhol y también está muy interesado en los contenidos, ha participado en la película Cars 2 en la que expresa una versión antropomórfica de sí mismo. Ha participado como productor ejecutivo del documental de 2018 The Game Changers .Y en 2018, lanzó una línea de ropa, TOMMYXLEWIS , durante la Semana de la Moda de Nueva York con el diseñador de moda estadounidense Tommy Hilfiger, junto con las modelos Winnie Harlow y Hailey Baldwin. Finalmente estableció la Comisión Hamilton con la Royal Academy of Engineering , donde estableció iniciativas para encontrar formas en las que el automovilismo pueda involucrar a más jóvenes de origen negro con materias de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y, en última instancia, emplearlos en el automovilismo o en otros sectores de la ingeniería.

Lo que hizo Hamilton fue evitar el atrincheramiento cognitivo: tuvo un pie fuera de su campo profesional especializado. En el libro se menciona que los principales científicos y los ganadores del Premio Nobel tienen más probabilidades de tener pasatiempos fuera de su vocación (actor aficionado, mago, etc). Para Santiago Ramon y Cajal, padre de la neurociencia moderna, piensa que todos los que tenemos actividades fuera de nuestra práctica profesional “pareciera como si estuvieran dispersando y disipando sus energías, mientras que en realidad las están canalizando y fortaleciendo”.

Pero me llega una duda ¿qué hubiera pasado si Hamilton estudiara diseño automotriz? ¿Qué habilidades tendría si tuviera estudios adicionales de ingeniería automotriz? Piénsalo: conducción + arte + diseño + moda + contenido + ingeniería. ¿Te das cuenta del perfil? En ese escenario Hamilton tendría una especialización de la conducción, pero ¿qué pasaría su hubiera desarrollado el resto de skills generales? Sería majestuoso. Ese es el poder que plantea David Epstein.

El caso Roger Federer

Epstein cita a funcionarios y entrenadores del equipo de los Juegos Olímpicos de Verano de Gran Bretaña quienes desarrollaron un programa para alentar a los adultos a probar nuevos deportes como «desarrolladores tardíos» o «panaderos lentos», solo para ver a muchos de ellos alcanzar el éxito olímpico.

Esa misma idea estaba en la cabeza de los padres de Roger Federer, los cuales empujaban a su hijo para explorar una amplia gama de deportes, a pesar de que su madre era entrenadora de tenis. Cuando Federer renunció a su segundo deporte favorito, el fútbol, ​​en favor del tenis, muchos de sus contemporáneos ya tenían años de entrenamiento dedicado, experiencia, mejoramiento de técnica y acondicionamiento al estilo de Tiger Woods. Sorprendentemente, nada de eso importaba. Para Epstein y sus datos de investigación, el mayor logro radica en estar dispuesto a experimentar, fallar y simplemente explorar sin la intensa presión de un camino de desarrollo predestinado. Range (rango, amplitud) ofrece datos de investigación detallados y una selección diversa de estudios de casos para respaldar el convincente argumento de que la especialización debería ser la excepción y no la regla.

Para Epstein el conocimiento es un arma de doble filo. Te permite hacer algunas cosas, pero también te ciega a otras cosas que podrías hacer. Otro tipo de oportunidad para aquellos que quieren crear e inventar pero que no pueden o simplemente no quieren trabajar a la vanguardia: pueden avanzar mirando hacia atrás; pueden excavar conocimientos antiguos, ideas viejas, retomarlas y llevarlos de una nueva manera nueva. Es así como funciona la creatividad (1+1+=3).

Es tan importante el proceso de “creación” que Dean Keith Simonton, profesor distinguido de psicología en UC-Davis; está particularmente interesado en el estudio de la inteligencia humana, la creatividad, la grandeza y la psicología de la ciencia. Menciona que cuanto más trabajo, ideas, hipótesis, teorías, respuestas, hipótesis, etc; producen los grandes creadores, más tramas crean, y con ello, mayores son sus posibilidades de «éxito de supernova”.

Es tan importante la creatividad humana que Epstein habla sobre la paradoja de Moravec, que menciona que las máquinas y los humanos tienen puntos fuertes y débiles. Cuando las máquinas comenzaron a jugar al ajedrez (como Hydra, la supercomputadora de ajedrez) , los investigadores descubrieron que la creatividad humana se volvió más importante que nunca. Sobre todo porque las máquinas permiten a las personas hacer lo que mejor saben hacer sin años de reconocimiento de patrones especializado. Te recomiendo que leas el artículo que Fernanda Rocha creó en donde habla de la humanidad centauro.

«La creatividad humana es básicamente un negocio de búsqueda, importación, procesamiento, mejora, exportación, implementación, aprendizaje de ideas, hipótesis y mejoras a la experiencia humana en esta galaxia”
Jon Black

Los estudios analizados por Epstein, muestran que la experiencia no crea habilidad en una amplia gama de escenarios del mundo real, en dominios que involucran el comportamiento humano y donde los patrones no se repiten claramente (a diferencia del ajedrez y el golf). En otras palabras, si la experiencia conduce o no a la pericia depende del “dominio”. Por ejemplo: los oncólogos no solo se especializan en el cáncer, sino en el cáncer de un único órgano. Esa es su máxima ventaja pero al mismo tiempo su maldición, ya que no son capaces de liderar otra área de la medicina.

“La creciente especialización ha creado un sistema de trincheras paralelas en la búsqueda de la innovación. Todos están cavando más profundamente en su propia trinchera y rara vez se ponen de pie para mirar en la siguiente trinchera, a pesar de que la solución a su problema reside allí”
David Epstein

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La importancia de definir el problema correcto

Esta una regla básica del mundo del diseño. Antes de resolver un problema, necesitamos “validar el problema”, entender el problema inclusive, si es un problema. Definir el problema antes de alguna hipótesis de solución es la base. Si ponemos todo en contexto, encontraremos que el mundo en un “entorno perverso”, tiene “problemas perversos” que no se resuelve con conocimiento especializado. Sin embargo, cuando aprovechas las analogías de diferentes dominios, especialidades, disciplinas, etc; podrás encontrar una resolución mejor en lugar de solo validar tu forma de pensar. A eso se le conoce como “pensamiento analógico profundo” y es la práctica de reconocer similitudes conceptuales en múltiples dominios o escenarios que muchos parecen tener poco en común en la superficie.

La intuición humana no es útil para problemas mal definidos. El truco para lidiar con el mundo perverso: es evaluar una variedad de opciones antes de dejar que la intuición funcione. Cuanto más distante es la analogía, mejor es la generación de ideas, más creativas son las personas. Los solucionadores de problemas exitosos determinan mejor la estructura profunda de un problema antes de adaptarle una estrategia.

En libro, Epstein analiza el efecto Einstellung, la tendencia de los solucionadores de problemas a utilizar métodos familiares, incluso si hay otros mejores disponibles. De aquí viene la frase de “pensar fuera de la caja” y que significa que es mejor pensar lejos de la experiencia del solucionador, por lo tanto más probabilidades había de que se resolviera. Sin embargo para Karim Lakhani, un destacado experto en innovación y gestión de tecnología y es profesor de Administración de Empresas Charles E. Wilson; “la gran innovación” ocurre con mayor frecuencia cuando un extraño que puede estar lejos de la superficie del problema replantea el problema de una manera que desbloquea la solución.

Creces, cambias, evolucionas con el tiempo

David Epstein nos plantea una idea incómoda: no somos los mismos con el tiempo. Nuestra forma de entender al mundo, nuestros objetivos, nuestras pasiones, nuestro contexto, nuestros deseos y motivaciones cambian a lo largo del tiempo. ¿Por qué entonces pasarnos el resto de nuestras vidas haciendo lo mismo? (especializándonos en algo que ya no es lo mismo para nosotros).

Y si a ese argumento le agregas que el mundo ha entrado desde finales de la Guerra Fría a una aceleración V.U.C.A. (acrónimo utilizado para describir o reflejar la volatilidad, la incertidumbre  (uncertainty en inglés), la complejidad y ambigüedad de condiciones y situaciones). ¿Entonces por qué seguimos ante esa velocidad de cambio, haciendo las mismas cosas? El mundo de la informática tiene un nombre para esto: optimización prematura. Y es sinónimo de desastre y absoluta decepción de vida.

Coincido totalmente con Epstein cuando señala: “la gente camina con todo el conocimiento de la humanidad en su teléfono, pero no tienen idea de cómo integrarlo. No capacitamos a la gente para pensar de forma crítica y razonar”. Esta idea fue una bomba para mí. Porque eso es exactamente lo que estamos viviendo como humanidad. Estamos en una transición de donde cualquier de nosotros podemos ser cualquier cosa… pero no nos damos cuenta de esa posibilidad porque todavía las reglas siguen siendo las viejas obsoletas.

Hay una referencia fascinante hacia la novela de Lewis Carroll “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”. Cada “Alicia” es distinta. Cuando el Gryphon en Wonderland le pide a Alicia contarle su historia, ella decide contarle la historia desde que inició en la mañana. Ella no decide contar la historia desde ayer porque era una persona diferente ese día. Alicia tenía un puño de sabiduría en esa frase, una profunda reflexión de lo cambiante que somos con el tiempo y lo estúpidos que somos al tratar de vernos como un elemento no cambiante. En el fondo somos numerosas posibilidades. Descubrimos nuevas posibilidades haciendo cosas nuevas, intentando nuevas actividades, leyendo nuevos libros, construyendo nuevas redes, encontrando nuevos modelos. Aprendimos en la práctica… no en la teoría. Y esa transición nunca terminar.

Cómo se conecta con la Innovación

Definitivamente a lo largo de sus páginas Epstein nos comparte un marco para comprender por qué los eruditos son tan importantes para la innovación. Epstein menciona que en entornos amables, donde el objetivo es recrear el desempeño anterior con la menor desviación posible, los equipos de especialistas trabajan de manera excelente». Pero cuando se trata de un «entorno perverso», necesitamos actuar como nadie ha hecho antes. Los grandes innovadores son «pensadores de sistemas» con la «capacidad de conectar” piezas dispares de información de muchas fuentes diferentes y que leen más (y de manera más amplia) que otros. «En un mundo perverso, confiar en la experiencia de un solo dominio … puede ser desastroso”, asegura. Personas como Steve Jobs son personas con “rango”, son grandes adaptadores de conocimiento, son personas que conectan aprendizajes y lo aplican creativamente a otro. Son como menciona Hogarth: “circuit breakers”. La habilidad de moverse libremente de una categoría a otra es una de las características de los innovadores de nuestros tiempos y del “pensamiento abstracto”.

Cuando miro las cosas que están ocurriendo en esta línea de tiempo me doy cuenta que todos estamos aprendiendo como bebés, sumergiéndonos sin miedo ante lo novedoso, lo inexplorado, con la valentía del que no conoce el dolor o las consecuencias. Somos bebés imitando, emulando, experimentando, improvisando, tropezando y volviéndolo a intentar. Así todos estamos aquí, aprendiendo de Innovación, Diseño, Creatividad, Negocios. Luego daremos un salto más, aprenderemos reglas formales, procesos, Canvas que nos ayuden a entender y crear métodos para nuestra “exploración” con el objetivo de llegar a objetivos de valor.

Lo mismo le pasa a los músicos. Identifican un instrumento, lo reconocen, juegan con él, entienden el funcionamiento orgánico, identifica sus sonidos, se sumerge. Y tiempo después aprende la gramática de la música. Entiende a leer los sonidos y a desarrollar una técnica alrededor del instrumento. En el jazz ocurre exactamente ese proceso. De acuerdo a Cecchini, el músico de jazz es un artista creativo, el músico clásico es un artista re-creativo. Lo que significa que es más fácil para un músico de jazz aprender a tocar literatura clásica que para un músico clásico aprender a tocar jazz.

Ahora imagínate cómo funciona una banda de jazz. Un equipo de seres humanos que entiende cómo funcionan las reglas de la música (escalas y acordes) y saben ejecutarlas de forma confiable pero al mismo tiempo, son flexibles y pueden romper las reglas para crear un nuevo sentido dinámico, amplio y absolutamente inesperado. ¿Recuerdan esta escena del filme escrito y dirigido por Damien Chazelle “Whiplash”?

“Los niños no hacen ejercicios para aprender a hablar… los niños aprender a leer después de que su habilidad de hablar se ha establecido”
Suzuki Association of the Americas

Van Gogh, el explorador

Otra fantástica historia es la de Van Gogh, quien “fracasó espectacularmente en todos los caminos que intentó”, desde el comercio de arte hasta el dibujo, la enseñanza e incluso el ser asistente de una librería. Van Gogh emprendió un reto personal: aprender arte por sí mismo. Pasó de una pasión artística a otra (realismo, paisajes, expresionismo, etc.) Su objetivo era hacer arte que cualquiera pudiera entender, no obras altivas para quienes tenían una formación privilegiada. Esos experimentos artísticos (que sucedieron en sus últimos dos años de vida) fueron los que se convirtieron en sus obras que todos conocemos hoy en día. Van Gogh probó tantas opciones con intensidad maníaca como pudo, para obtener la máxima señal de información sobre su técnica. Ese camino lo llevó hacia un lugar donde nadie más había estado nunca, y donde solo él puso su bandera. La exploración, la experimentación, el probar cosas nuevas no es solo un caprichoso lujo de la educación; es un beneficio central de la misma y nuestra identidad.

Prueba la mayor cantidad de caminos posibles de una manera que proporcione información lo más rápido posible y refine las decisiones sobre dónde gastar o invertir tu energía. Y si eres joven, comienza primero con avenidas de alto riesgo / alta recompensa y alto valor de información. Para Seth Godin, uno de los pensadores de marketing más innovadores del planeta, los ganadores que alcanzan la cima de su dominio, son los que abandonan rápidamente y con frecuencia.

Un ejemplo más de las posibilidades de exploración era Miguel Ángel, el cual era un “test-and-learn all star”. Constantemente cambiada de opinión, dejaba proyectos inconclusos para explorar nuevas técnicas, iniciar nuevos proyectos en nuevas disciplinas. Dejó 3/5 parte de sus obras totalmente inconclusas, porque cada vez se movía a otra cosa más promisoria. Era escultor, pintos, maestro de arquitectura, diseñada para la ingeniería de Florencia. Y todo lo hacía desde la práctica no desde la teoría. Inicia con una idea, la probaba, la cambiaba, aprendía y la abandonaba por otro proyecto nuevo. Definitivamente esa forma de pensamiento sigue presente en el Silicon Valley.

«Lo siento por las personas que saben exactamente lo que van a hacer desde que son estudiantes de segundo año en la escuela secundaria»
Phil Knight, Nike

El problema de Kepler

Johannes Kepler, fue una figura clave en la revolución científica, fue un astrónomo y matemático alemán; conocido fundamentalmente por sus leyes sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor del Sol. Ahora…trata de imaginar el mundo en el que vivía Kepler, un mundo de 1570 en donde el poder de la fe y su Institución (la iglesia) tenían el control absoluto del conocimiento de la época. Kepler en ese contexto enfrentaba un problema enorme, no tenía una base de datos para respaldar las hipótesis que tenía. Así que tuvo que trabajar con analogías y observación.

Su experiencia como jornalero agrícola, estudiante de ética, dialéctica, retórica, griego, hebreo, astronomía, matemáticas y física, le permitió conectarlo con teología y ciencias humanas. Le permitió profundizar en el planteamiento del sistema heliocéntrico de Copérnico. Ese fue uno de sus principales momentos dialécticos ya que el resto de estudiosos tomaban como cierto el sistema geocéntrico de Ptolomeo, que afirmaba que la Tierra estaba inmóvil y ocupaba el centro del Universo, y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas giraban a su alrededor de la tierra. Kepler se hizo así un copernicano convencido y en 1596 Kepler escribió un libro en el que exponía sus ideas. Mysterium Cosmographicum (El misterio cósmico). Siendo un hombre de gran vocación religiosa, Kepler veía en su modelo cosmológico una celebración de la existencia, sabiduría y elegancia de Dios. Incluso escribió: “yo deseaba ser teólogo; pero ahora me doy cuenta gracias a mi esfuerzo de que Dios puede ser celebrado también por la astronomía”.

Gracias al uso de analogías pudo formular sus tres leyes. Leyes que asombraron al mundo, le revelaron como el mejor astrónomo de su época, aunque él no dejó de vivir como un cierto fracaso de su primigenia intuición de simplicidad:

Hoy le podemos decir a esa forma de pensar como “Keplerian Thinking”, que se enfrenta ante lo inesperado en lugar de asumir que el conocimiento la teoría actual es la forma correcta de observación de un problema. Bajo esa forma de pensamiento lo inesperado se convierte en una oportunidad y el uso de analogías, una forma de entender ese mundo salvaje. Switchers are winners.

Ese uso de analogías me parece absolutamente poderoso. Ya que usamos conceptos novedosos con dinámicas de entendimiento democratizado para explicar problemas complejos. Por ejemplo, la forma en como Apple explicó la privacidad de sus dispositivos me parece simplemente genial:

Nintendo y su filosofía monozukuri

Personalmente me encantó la historia sobre el fundador de Nintendo de Gunpei Yokoi, un desarrollador de videojuegos japonés que trabajó para Nintendo. Poseedor de una gran inventiva y creatividad, creó la afamada consola portátil Game Boy y los Game & Watch. El era un entusiasta del piano, baile de salón, coro, buceo, amaba los trenes a escala, trabaja en mecánica para autos y tenía una filosofía conocida como “monozukuri” de “pensar haciendo”, que basaba su éxito inicial usando tecnología barata, incluso obsoleta, de nuevas formas.

Cuando comenzó a trabajar para Nintendo aplicó su “pensamiento lateral” y la colisionó con la tecnología. El pensamiento lateral fue un término conocido en 1960 que les permitió reimaginar la información en nuevos contextos, dibujar nuevos conceptos o dominios que le brindaban a ideas viejas, nuevas formas de uso. Así que aplicó eso con la tecnología. Él no requirió ser especialista en tecnología para entender cómo usarla. El corazón de su filosofía fue poner tecnología simple, barata en usos que nadie más había considerado. Dejo de pensar en la profundidad de la tecnología y decidió pensar en lo amplio de la tecnología. Así comenzó con el pensamiento “monozukuri”, la cual propone usos originales para un objeto, debido a que las personas tienden a considerar solo los usos familiares de los objetos: fijación funcional.

El secreto está en la “curiosidad”. La gente curiosa está dispuesta a buscar nuevas pruebas, nuevas formas, nuevas ideas, explorar nuevas conclusiones con lo ya establecido. Las personas no curiosas se vuelven resistentes a la información contraria. No es lo que piensas, sino cómo lo piensas. Yokoi aconsejó a los jóvenes que no fueran ingenieros, sino creadores, generadores. Les pidió jugar con las ideas, no solo con la tecnología. Así nació el “GameBoy” y la filosofía de Nintendo. Hoy el “Monozukuri” es una práctica, en el entorno de la producción, que busca optimizar todos los procesos de la cadena de valor de un producto. El término es una palabra japonesa que significa literalmente «proceso de fabricación de algo», formada por “cosa” (物, mono) y “proceso de fabricar” (作り, tsukuri, o -zukuri).

Epstein también nos trae un estudio de la profesora de la Universidad de Utah, Abbie Griffith, quien se ha especializado en encontrar innovadores seriales, y lo que ha detectado en sus perfiles es “alta tolerancia a la ambigüedad, pensadores sistémicos, buscadores de nuevos usos a los disponibles, sintetizar información proveniente de distintas fuentes, amplio rango de intereses, que leen más y más variadas fuentes y con necesidad de aprender de varios dominios”.

Para Vannevar Bush, un ingeniero y científico estadounidense conocido por el papel político que tuvo en el desarrollo de la bomba atómica; el progreso científico proviene del juego libre de intelectos libres impulsados ​​por la curiosidad. Los descubrimientos científicos verdaderamente originales a menudo son provocados por pequeños hallazgos impredecibles e imprevistos. Bill Gore, descubrió que la gente hacía su trabajo creativo más impactante en las crisis, porque entonces los límites disciplinarios vuelan por la ventana. Para Oliver Wendell Holmes, un médico de profesión, que ganó fama como escritor y se convirtió en uno de los poetas estadounidenses más reconocidos del siglo XIX; el libre intercambio de ideas es un experimento, como toda la vida.

«No tengo ninguna habilidad especializada en particular, tengo una especie de conocimiento vago de todo»
Yokoi

Conclusiones finales

Ya en el episodio 94 de las Creative Talks ya hablábamos sobre esto cuestionamos, ¿qué eres, un especialista o un generalista? Y siempre estuvimos a favor del generalísimo:

El libro es un viaje completo que nos lleva a establecer que tenemos un problema como sociedad: nuestra habilidad de pensar. Nos enseñaron a pensar de una forma especializada y repetible, procesable, predecible, con el objetivo de ser funcionales y optimizables. El libro nos hace necesitar agregar una nueva forma de pensar. Exactamente la opuesta y operar en el mundo con mucho mayor rango… como un jazzista en el mundo, como un improvisador creativo pero con una artillería de conocimiento suficiente para convertir cualquier problema, en solo un viaje del cual, tendremos conocimiento nuevo aplicable.

El desafío al que nos enfrentamos, escribe Epstein, es el de mantener los beneficios de amplificar nuestras diversas experiencias, el pensamiento interdisciplinario y la concentración demorada en un mundo que cada vez más incentiva y requiere de la hiperespecialización.

En muchas partes, el libro me recuerda a “Beginners” (Principiantes) de Tom Vanderbilt, el cual inspirado por la insaciable necesidad de su pequeña hija de saber cómo hacer casi todo, y obstaculizado por su propia rutina de competencia a mitad de carrera, Tom Vanderbilt nos ofrece un viaje lúdico y que invita a la reflexión hacia los placeres transformadores que conlleva comenzar algo nuevo, sin importar la edad. Aborda cinco habilidades principales (y aprende algunas más en el camino) eligiéndolas por su dificultad para dominar y su clara falta de comerciabilidad profesional: ajedrez, canto, surf, dibujo y malabarismo. También se me viene a la menta el libro “El poder del desorden” de Tim Harford,  que defiende la tesis de que es mejor vencer la tentación de actuar de forma ordenada si queremos fomentar la creatividad y de salirnos de nuestra zona de confort conocida, para ser capaces de ampliar nuestra visión, ampliando (rango) nuestros patrones fomentando relaciones con personas que opinan de forma diferente a nosotros, lo cual nos llevará también a encontrar soluciones más creativas.

No, no es un libro de negocios. Este es un libro para entender el contexto de vida que tenemos en este momento. Ahora la pregunta es… ¿qué tipo de ser humano serás después de esta lectura?

Muchas gracias por leer esta edición de BookShake, continuaremos con las reseñas.
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